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"Aquí se forman los caballeros y damas de la paz"


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Biografía General Alberto Enríquez Gallo
 

SEÑOR GENERAL DON ALBERTO ENRÍQUEZ GALLO

Alberto Enríquez Gallo nació en la hacienda Santa Rosa Grande, ubicada en las faldas del nevado Illiniza, en la jurisdicción de la Parroquia de Tanicuchí, actual provincia de Cotopaxi. Fueron sus padres, Don Luis Cornello Enríquez Gallo y Doña Carmen Amelia Gallo Almeida, no ligados entre sí por vínculos de sangre. La hacienda de Santa Rosa Grande pertenecía por entonces a Don Belisario Enríquez Castelar, abuelo del recién nacido. Esta dada en arrendamiento a su hijo, Don Luis.

La genealogía de la familia Enríquez está claramente establecida, ya sea porque tanto Don Belisario, como Don Luis, se habían preocupado de ello, así como también de su estudio se ocupó el ilustrado genealogista Don Fernando Jurado Noboa, al investigar la genealogía de don José Mejía Lequerica. Entre los ascendientes paternos de Alberto Enríquez, está el conquistador Español Don Antonio de Rivera Malgarejo, participante en la expedición de Gonzalo Pizarro al Oriente. Rivera, leal al Rey, combatió luego contra su antiguo Jefe en la Batalla de Iñaquito y realizó a continuación toda la campaña llevada a cabo por Don Pedro La Gasca, hasta la victoria final de las tropas reales en Jaquijaguana. Rivera desempeñó posteriormente importantes cargos en Quito y recibió el encargo de fundar, en 1575, la villa de San Pedro de Riobamba. Otros antecesores españoles notables fueron: Don Pedro Vásquez de Moura Feijoó, Regidor primero y luego Alcalde ordinario de Quito; Don Diego Gutiérrez de Pinto y Vásquez Albán, quien se casó con Doña Manuela de los Ríos y Granobles, sobrina carnal de la que luego sería Santa Mariana de Jesús.

Y Don Francisco Mejía del Valle (abuelo de Don José Mejía Lequerica, quiteño, Diputado en Cádiz por Santa Fé), padre de Doña Mariana Mejía del Valle y Moreto, bisabuela de Don Belisario Enríquez Castelar.

Durante el primer semestre de 1924, el Capitán Enríquez asiste al curso de Caballería organizado por la Misión Militar Italiana y el 11 de agosto es destinado al Grupo de Caballería N° 1 “Escolta” (transitorio nombre del “Yaguachi”). El 9 de julio se produce un movimiento revolucionario impulsado por oficiales del Ejército, deseosos de implementar reformas que modernizaran el estado y pusieran fin al domino financiero y político que ejercía la “Bancocracia” de Guayaquil, socapada por el Presidente Don Gonzalo S. Córdova, un hombre que llegó demasiado anciano a la Presidencia de la República. Alberto Enríquez adhirió decididamente al movimiento; pero no tuvo un papel preponderante en él, debido a su baja jerarquía. El 10 de septiembre de 1925, el Capitán Enríquez es ascendido al grado de Mayor de Caballería, por la Junta de Gobierno Provisional, por haber cumplido los requisitos legales y reglamentarios. Sus nuevos despachos están firmados por Don José Rafael Bustamante, Director de la Junta y por el General Don Francisco Gómez de la Torre, Ministro de Guerra y Marina.

En la noche del 4 de marzo de 1927, el Mayor Alberto Enríquez restaura en favor del Gobierno del Doctor Ayora la situación del “Yaguachi”, cuando la Unidad se había comprometido ya a un golpe de Estado que buscaba la dictadura del General Gómez de la Torre. Este hecho hace que vuelvan a la lealtad al obierno otras Unidades de la plaza de Quito, que se hallaban también comprometidas. La actuación de Enríquez es certificada años después, el 25 de julio de 1933, por quien fuera Comandante del “Yaguachi”, Coronel Alberto C. Romero, en los siguientes términos:

La actuación del señor Teniente Coronel (era Mayorcuando el acontecimiento) Don Alberto Enríquez en la noche del 4 de Marzo de 1927 fue sobresaliente; pues tan pronto como se informó que se efectuaba un movimiento revolucionario en algunas Unidades de la Guarnición en esta plaza, concurrió a su cuartel, en el Regimiento “Yaguachi”, del que era su Segundo Comandante y contribuyó eficaz y decididamente a restablecer el orden, por qué no decirlo, alterado aún en el propio Regimiento, contribuyendo por tanto, también a la tranquilidad y paz pública”. Se debe destacar que la valerosa actuación de Enríquez, repuso en el poder al Gobierno ya caído de Doctor Isidro Ayora, autor, poco después, de reformas fundamentales con las que se creó el Estado moderno en el Ecuador.

Tras un corto desempeño como profesor del Curso de Caballería, el Mayor Enríquez es destinado en comisión de servicio, a Chile, para terminar la negociación de compra de caballos para el Ejército. Allí permaneció hasta febrero de 1928. Reincorporado es destinado al grupo de Caballería Febres Cordero” por entonces de guarnición en Riobamba y Guaranda, se produce luego su pase al “Yaguachi” (10 enero/29) y a continuación, otra vez, al “Febres Cordero” (5 febrero/30) El 1° de diciembre de 1930, Enríquez es ascendido a Teniente Coronel. Firman sus despachos el Presidente de la República Doctor Isidro Ayora y el Coronel Carlos Guerrero, Ministro de Guerra y Marina. El 17 de julio de 1931, Enríquez es nombrado Jefe de la Remonta, organización creada en Cayambe para la provisión de caballos al Ejército. Allí permanece hasta el 15 de octubre de 1931, fecha en la cual se le designa Primer Comandante del Regimiento de Caballería “Yaguachi”. El Coronel Don Alfonso Darquea, certifica así el desempeño de Enríquez al señor Comandante Alberto Enríquez le tocó organizar la hacienda “Remonta” y en esa labor se distinguió por su iniciativa, dinamismo y honradez.

Puede decirse, que a él se debe el funcionamiento de la Remonta, El 27 de agosto de 1932, el Regimiento de Artillería “Bolívar” se rebela en Quito contra la descalificación por el Congreso del Presidente electo Don Neptalí Bonifaz Ascázubi. Le apoyan las otras Unidades de Quito y civiles armados de la ompactación Obrera. Se exceptúa el “Yaguachi”, que a las órdenes de su comandante sale hacía el sur, para reunirse con las unidades que desde las provincias apoyan la resolución del Congreso. Se producen los choques armados que constituyen la llamada “Guerra de los Cuatro Días”. Tras sangrientos combates, Quito es reconquistado por las tropas constitucionalistas. El Coronel Alfonso arquea, Subsecretario de Guerra en Campaña, certifica así el desempeño del Teniente Coronel Enríquez: “La actuación del señor Comandante Don Alberto Enríquez, desde la madrugada del 27 de agosto de 1932, hasta la terminación de la campaña, que culminó con la Batalla de Quito y la toma de la cuidad, fue brillante. El referido Jefe, con iniciativa que le hace honor, con energía propia del caso, salió de Quito con el Regimiento “Yaguachi”; del cual era Jefe, con dirección al sur, para formar parte del Ejército que luego se organizó para avanzar hacia la capital. Durante la campaña, durante la batalla y luego en la toma de la ciudad, el señor Comandante Enríquez, con valor, serenidad e inteligencia, que factor para el éxito. Siempre a la cabeza de su Regimiento, multiplicó su actividad, probándonos con su actuación el importante y múltiple papel que entre nosotros puede desempeñar la Caballería. Si el señor Comandante Enríquez es digno de aplauso por su actuación al frente del “Yaguachi”, esta digna unidad, en ese entonces, comprobó lo que vale y por lo que ha escrito noble página en su ya vieja y brillante historia” En agosto de 1935, el Ejército rechaza la dictadura proclamada por el Doctor José María Velasco Ibarra, a pretexto de cambiar la Constitución de la República. Luego de un corto interinazgo el Ministro de Gobierno, Doctor Antonio Pons, el Ejército designa al Ingeniero Don Federico Páez como Jefe Supremo de la República.

El 11 de noviembre de 1935, Enríquez es ascendido a Coronel y el 25 de ese mismo mes es designado Ministro de Defensa Nacional. Su ascenso a General se produce el 4 de agosto de 1937.

El 23 de octubre de 1937, el Alto Mando del Ejército, atendiendo el clamor general de la opinión pública, solicita la renuncia de Don Federico Páez, Presidente de la República y designa como Jefe Supremo al Oficial más antiguo, el General Alberto Enríquez Gallo. En el Decreto N° 1, de toma de posesión del Mando (R.O. N° 1, 23 octubre/37), Enríquez dice lo que sigue: “Artículo Único. Por resolución de las Fuerzas Armadas del país asumo desde esta fecha el Mando Supremo de la República, hasta convocar una nueva Asamblea Constituyente, elegida en forma democrática por los partidos políticos debidamente organizados” Allí está, expresamente consignada, su firme resolución de limitar el ejercicio del poder hasta la reunión de una Asamblea Nacional Constituyente, para la restauración del Régimen Constitucional.

El Gobierno del General Enríquez duraría nueve meses y diecisiete días, brevísimo plazo que sería aprovechado para construir una obra monumental, en beneficio de la justicia social, del ordenamiento de la Legislación General y del robustecimiento de instituciones fundamentales del país: las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

Deseoso de contar con un cuerpo de asesores que le permitiera cumplir su propósito, de realizar un Gobierno honesto y fructífero, el General escogió sus consultores y colaboradores de entre los hombres más prestigiosos por su honestidad y sus conocimientos especializados. Nombró además dos comisiones revisoras de la Legislación Nacional integradas por los mejores juristas de Quito y Guayaquil (14 de enero de 1938). Gracias a esto pudo proceder a un ordenamiento jurídico que se hacía muy necesario desde tiempo atrás y realizar una labor legislativa reformadora perfectamente encuadrada y coordinada.

La obra de beneficio social efectuada por el Gobierno del General, ha sido reconocida desde años atrás. Su retrato está en el despacho del Ministro del ramo, desde que fue colocado allí un 1º de mayo de 1970 por Don Luis Robles Plaza. Es el fundador de los Hogares de Protección de la Niñez y el Gobernante que expidió el Código del Trabajo. Estatuto que rige las relaciones laborales entre obreros y empresarios. El General Enríquez es el primer gobernante ecuatoriano que se ocupó de la revisión de lesivos contratos concedidos a compañías extranjeras instaladas en el país, sujetas hasta entonces a poca vigilancia, cuya presencia se traducía en la disminución progresiva, sin compensación adecuada, de las riquezas naturales del Ecuador y en la vulneración de su soberanía. Con energía, sin estridencias ni exageraciones, el General encuadró a esas compañías en las leyes y consiguió de ellas condiciones bastante más dignas y favorables, lo que fue objeto de aplauso general, especialmente de las organizaciones obreras. Menos reconocida es la creación de instituciones, la obra más importante a que puede aspirar un estadista con visión de futuro. Alberto Enríquez fue en el campo militar, el renovador y creador de instituciones. Como Ministro de Defensa Nacional, su obra puede resumirse así: Establecimiento del Colegio Militar para el reclutamiento de los oficiales profesionales del Ejército, sobre la base de estudios de bachillerato (R.O. N° 71, de 23 de diciembre/35). Sustituyó a la antigua Escuela Militar, a la que ingresaban estudiantes de los primeros cursos de los colegios, junto con alumnos de los cursos superiores, bachilleres y hasta estudiantes de los primeros cursos de las universidades. Mezcla heterogénea que planteaba numerosos problemas y creaba inconvenientes de diverso tipo. Creación de la Escuela Naval Militar. Alguna ocasión escuché a Alberto, en casa de mi abuelo (calle Maldonado N° 64, frente al parque de la Recoleta), su propósito de crear, tanto para la Marina como para la Aviación, escuelas de reclutamiento de cadetes que sirvieran de fundamento para la formación de cuerpos de oficiales profesionales, primer paso para la constitución de una Marina y una Fuerza Aérea independientes del Ejército, al que hasta entonces estaban subordinadas. Su primera intención fue reactivar la Escuela Naval, suspendida desde bastantes años atrás. Impulsaban ese proyecto, según lo relata Don Jaime Guarderas Alomía (“Siempre a Rumbo”, Impreseñal, Cía. Ltda., Quito 1985), los oficiales de Marina Manuel Alomía, Alberto Sánchez, César Puente y Ernesto Moscoso. El entusiasmo de Enríquez por el proyecto hizo que se despertara la vocación naval de uno de sus sobrinos, Colón Zapatier Enríquez, quien sería uno de los cadetes de la nueva Escuela, que fue organizada por decreto que consta en el R.O. N° 100, de 28 de enero de1936. El paso sucesivo fue la creación de la Primera Comandancia de Marina en Guayaquil (R.O. N° 159, de 6 de abril/36). Jaime Guarderas Alomía, Teniente de Fragata en retiro, perteneciente a esa primera promoción, hace en su libro “Siempre a Rumbo”, una emotiva reseña del desarrollo de la Marina en el Ecuador. Allí consta que de su curso de 26 cadetes, el que funcionó desde enero de 1936, salieron varios Comandantes Generales, algunos de ellos Almirantes, que se sucedieron en el mando para crear el Poder Naval del Ecuador. Creación de la Escuela Militar de Aviación (R.O. N° 160, de 7 de abril de 1936) estableciéndose, por primera vez, un Instituto de Formación Básica permanente, para el reclutamiento de los oficiales del Arma Aérea, primer paso indispensable para la creación de una Fuerza Aérea independiente. El primer curso se inauguró con 36 cadetes. Algunos de ellos llegaron a las máximas jerarquías y fueron los omandantes Generales y los forjadores de la nueva Arma.

Creación de la Escuela de Artillería e Ingenieros (R. O. N° 380, de 4 enero/37), cuyos programas de estudios eran similares a los de la Facultad de Ingeniería de la Universidad. Los profesores principales eran los de la Politécnica Nacional. De este Instituto nacería la Escuela Técnica de Ingenieros Militares y, sucesivamente, la Politécnica del Ejército.

Como Jefe del Estado, el General Enríquez comprendió a cabalidad la misión de excepcional importancia que corresponde a la Policía, para la preservación de la moral, el mantenimiento del orden público y la protección de la sociedad y le proporcionó un Instituto básico de reclutamiento de cadetes, para la formación de su Oficialidad. Como también le proporcionó leyes fundamentales para dar a la institución estabilidad y bases adecuadas para su progreso. Elementos de los que la Policía carecía, pese a que habían transcurrido 108 años desde la fundación de la República.

Inspirándose en instituciones eficientes, de funcionamiento ejemplar en Chile y en Italia, el general dio los pasos que luego se detallan, para afirmar a la Policía como institución indispensable para la protección del cuerpo social y el buen funcionamiento del Estado. Envió, para su perfeccionamiento en Chile, en su Escuela de Carabineros a cuatro oficiales de Policía (R.O. N° 90 de 11 de febrero/ 38) Dispuso la organización del “Curso de perfeccionamiento de oficiales de Policía”, en Quito, bajo la dirección de la Misión Militar Italiana (R.O. N° 106, de 4 marzo/38) Creo y organizó la Escuela Militar de Carabineros (Decreto 62. R.O. N° 106, de 4 de marzo/38; y decreto 107 bis, R.O. N° 147, de 25 abril/38) Expidió el “Reglamento de los Órganos Centrales de Mando de las Fuerzas de Policía” (Decreto112, R.O. N° 149, de 27 abril/38) Expidió el “Reglamento y Plan de Estudios de la Escuela Militar de Carabineros” (R.O. N° 170 de 21 de mayo/38) Expidió el “Reglamento de Uniformes para las Fuerzas de Policía” (Decreto N° 97, R.O. N° 174 de 27 mayo/38).

Expidió la “Ley Orgánica del Cuerpo de Carabineros” (R.O. N° 219, de 19 de julio/38) Expidió el Decreto por el cual establece la “Formación de Paz del Cuerpo de Carabineros” (R.O. N° 225-226 de 26-27 de julio/38) Expidió el “Reglamento de los Órganos Centrales de Mando del Cuerpo de Carabineros” (Decreto, 264. R.O. N° 276, de 8 de agosto/38), que reemplaza al expedido el 27 de abril. El General Enríquez dejó así habilitada a la Policía para que en lo sucesivo,con la iniciativa y el esfuerzo de sus organismos de mando y de sus hombres, avance día a día, lo cual ha sucedido, hacia metas superiores de organización, eficiencia y progreso, para beneficio de la Nación y del Estado. Bien a hecho la Policía Nacional, al instituir el 2 de marzo de 1938 como su fecha inicial y conmemorativa de lo que, con mucho acierto, ha llamado su “Institucionalización”. Es un gesto con el que honra al General y Gobernante que creó los fundamentos de su existencia jurídico-profesional estable y jerarquizada, y es un gesto que honra a la Policía, como cultora de una tradición de honor y de servicio a la sociedad civil.

El General Enríquez, tal como lo había prometido, entregó el poder a la Asamblea Nacional Constituyente, el 10 agosto de 1938 y recibió de ella un voto de aplauso, “como testimonio de honradez, por haber restituido el orden legal a la Nación”. Pasados seis años escasos, instaurando el Gobierno dictatorial surgido de la revuelta del 28 de mayo de 1944 el General es degradado a Coronel, sin que medie proceso legal alguno, por Decreto N° 37, expedido por el Doctor José María Velasco Ibarra, el 30 de junio de 1944, en por mucho tiempo oscuras circunstancias. Pasados los meses, se le concretaron los “cargos”, todos apasionados e infundados, para tan insólita actitud (Diario “El Día”, 11 de marzo de 1945). Uno de ellos era el haber creado el Cuerpo de Carabineros…, que el Presidente Constitucional Doctor Carlos Arroyo del Río había mal utilizado durante su tormentosa administración. El Decreto de degradación no fue jamás publicado en el Registro Oficial. Pese a ello, surtió efectos para la persecución política que en forma inmotivada se desató contra el General Enríquez, obligándole a un exilio prolongado en el extranjero, en el que consumió su modesta herencia familiar. La Asamblea Nacional Constituyente surgida del golpe de Estado del 28 de mayo de 1944, convencida de la injusticia da la acción tomada, rehabilitó a Alberto Enríquez en su grado de General, el 7 de marzo de 1945. Lo que fue objetado por el Ejecutivo, pese a que la Asamblea estuvo investida de poderes supremos, conforme lo dictaminó el Tribunal de Garantías Constitucionales presidido por el eminente jurista Doctor Manuel Elicio Flor. Meses después, a raíz de haberse proclamado dictador el Doctor Velasco Ibarra (30 de marzo de 1946), Alberto Enríquez es desterrado a Lima. Su grado le sería restituido por el Congreso, más tarde, el 12 de agosto de 1947. El General Enríquez fue candidato a la Presidencia de la República, por los partidos Liberal y Socialista coaligados, para el período 1948-1952. Desprovista la campaña de los medios y fondos necesarios, diopara Enríquez 55.000 votos, frente a los 118.000 de Don Galo Plaza Lasso y los 112.000 de Don Manuel Elicio Flor. En el período siguiente, el General fue elegido Senador por Pichincha y actuó en esa función entre los años 1952-1956. Enfermo desde 1960, Alberto Enríquez falleció en el Hospital Militar de Quito a las cinco y veinte de la tarde del 13 de julio de 1962. Sus restos mortales reposan en la cripta de la Iglesia de La Paz, en Quito.